¡Porquería! Como de costumbre la abuela empezó a quejarse otra vez. El día anterior había sido por el precio de la comida, esta mañana por los ladridos del perro del vecino y ahora por las esponjas que trajimos de la feria. “Abrase visto; ¡esponjas de paja! ¿Y eso para qué sirve, dime? Son unas nuevas esponjas de ducha desechables que han sacado para cuando vas de viaje por ejemplo o sencillamente para el uso diario, respondí. ¡Menuda tontería! No es tanta tontería abuela, intentó convencerla Alberto, si lo piensas son más higiénicas que las sintéticas ya que solo las usas una vez y son cien por cien biodegradables. ¿Así que de verdad se creen que sirven? Nos miró la abuela con los ojos como platos. ¡Dios mío! No habían tirado tanto el dinero desde que comprasen aquél espejo de latón ¡Y de eso hace apenas una semana!
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Ese año el invierno era durísimo y el lago se había convertido en un cántabro de hielo. La esponja no sabia que hacer, apenas con un cubito de agua vagaba de un lado para otro buscando algún refugio contra el frío. Por fin encontró aquel cobertizo abandonado y colocando su cubito en un sitio bien vigilado se acurrucó entre la paja, donde se quedó profundamente dormida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario