Para gustos...

  • "Si me necesitas, llamame". Raymond Carver
  • "El ojo". Vladimir Nabokov
  • "Tokio blues". Haruki Murakami
  • "La conjura de los necios". John Kennedy Toole
  • "In the mood for love". Wong Kar Wai (pelicula)
  • "La espuma de los días." Boris Vian

Información y contacto

Reuniones: miércoles o los jueves de 14:30 a 15:30 en la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid. Aula 3204-B.



Para contactar manda un correo a carol_14__@hotmail.com , os contestará Carla, que es un poco arisca. No es por meterme con ella, simplemente es una palabra sonora, por tema de publicidad litetaria...


sábado, 16 de octubre de 2010

Bitacora de poemas (I)

Dejo aquí un misceláneo de poemas que me pasó Felipe a raíz del juego de esta última sesión, para que los disfruteis y si os emociona alguno lo prepareis para la próxima reunión:

CREDO POÉTICO


Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;

que tus cantos tengan nidos en la tierra,

y que cuando en vuelo a los cielos suban

tras las nubes no se pierdan.


Peso necesitan, en las alas peso,

la columna de humo se disipa entera,

algo que no es música es poesía,

la pesada sólo queda.


Lo pesado es, no lo dudes, lo sentido.

¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,

de la fuente del sentir nunca ha llegado

a la vida y honda vena.


No te cuides en exceso del ropaje,

de escultor, no de sastre es tu tarea,

no te olvides de que nunca más hermosa

que desnuca está la idea.


No el que un alma encarna en carne, ten presente,

no el que forma da a la idea es el poeta

sino que es el que alma encuentra tras la carne,

tras la forma encuentra la idea.


De las fórmulas la broza es lo que hace

que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;

la desnuda con tus manos y tus ojos

gozarán de su belleza.


Buscas líneas de desnudo, que aunque trates

de envolvernos en lo vago de la niebla,

aún la niebla tiene líneas y se esculpe;

ten, pues, ojo, no las pierdas.


Que tus cantos sean cantos esculpidos,

anclan en tierra mientras tanto que se elevan,

el lenguaje es ante todo pensamiento,

y es pensada su belleza.


Sujetemos en verdades del espíritu

las entrañas de las formas pasajeras,

que la Idea reine en todo soberana;

esculpamos, pues, la niebla.

Miguel de Unamuno, Poesías (1907)


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Escrito en el cuarto en que viví

mi mocedad


Vuelen a mí mis noches,

noches vacías,

rumores de la calle,

rodar de coches,

conversaciones rotas

y desgranadas notas

de un pobre piano,

viejo y lejano.

Hundióse así el tesoro de mis noches,

en esta misma alcoba,

aquí dormí, soñé, fingí esperanzas

y a recordarlas me revuelco en vano...

no logro asir aquel que fuí, soy otro...

Pienso, sí que era yo, mas no lo siento,

es sólo pensamiento.

No es nada. La realidad presente me las roba.

Los días que se fueron, ¿dónde han ido?

De aquel que fuí, ¿qué ha sido?

Muriendo sumergióse aquel que fuera...

Hijos de tantos días que en el fondo

de la oscura cantera

de mi conciencia yacen.

Y allí dentro, ¿qué hacen?

El alma es cementerio

y en ella yacen los que fuimos, solos.

Los días se devoran...

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Cierro los ojos:

a ver, mi fiel memoria, ¿acaso no te acuerdas?

Era un muchacho pálido,

triste, con la tristeza del que sueña

días de gloria...

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¡Oh si hubiera llegado a conocerme!

¡Oh si aquel que yo fui ahora me viera!...

¡Y si le viera yo, si en un abrazo

se hiciese vivo el lazo

que ata el pasado al porvenir orcuro!

Se me ha muerto el que fuí; no, no he vivido.

Allá entre nieblas,

del lejano pasado en las tinieblas,

miro como se mira a los extraños

al que fuí yo a los veinticinco años.

Cada hijo de mis días que pasaron

devoró al de la víspera;

de la muerte del hoy surge el mañana,

¡oh, mis yos, que finaron!

Y mi último yo, el de la muerte,

¿morirá solo?

¡Oh tremendo misterio de la muerte!

Todos esos que he sido,

¿no acudirán en torno de mi lecho

para aliviarme el pecho

de la terrible soledad postrera?

Cuando al fin muera,

¿no vendréis, oh mis almas juveniles,

ángeles de los días de mi infancia

y de aquella mi verde primavera,

con la auroral fragancia

consolaréis el tránsito tremendo?

¡Cuantos he sido!

Y habiendo sido tantos,

¿acabare por fin en ser ninguno?

De este pobre Unamuno,

¿quedará sólo el nombre?

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Se pierden ya las notas

desgranadas y rotas

del pobre piano,

viejo y lejano,

y en el ambiente espiritual perdura

flotante melodía

tocada de amargura.

¡Oh, música del alma,

celeste sinfonía

de lo que fué, lo que es, lo que será, misterio

torturador, eterno!

¡Oh silencio infinito!

¿No se quebranta tu impasible seno

con nuestro grito?

¿Dónde estás, alma mía!...


Miguel de Unamuno, Rimas de Dentro (1923)

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¿Tu verdad? No, la verdad,

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela.

Antonio Machado


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Tú me mirás llorando

-será el tiempo de las flores-,

tú me miras llorando,

y yo te diré: No llores.


Mi corazón, lentamente,

se irá durmiendo... Tu mano

acariciará la frente

sudorosa de tu hermano...


Tú me mirarás llorando,

yo sólo tendré una pena:

tú me miraras llorando,

tú hermana, que eres tan buena.


Y tú me dirás: ¿qué tienes?

y yo miraré hacia el suelo,

y tú me dirás ¿que tienes?

y yo miraré hacia el cielo.


Y yo me sonreiré,

y tú estarás asustada,

y yo me sonreiré

para decirte: No es nada.


J.R. Jiménez, Jardines Lejanos.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Bueno, como dijimos de colgar los poemas que habíamos buscado (que no se entere la S.G.A.E)pues eso...

Este lo elegí porque de pequeño me lo sabia de memoria y me gustaba:

Romance del Infante Arnaldos.

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan!

Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de seda,
la ejarcia de oro torzal,
tablas de fino coral.


Marinero que la guía
diciendo viene un cantar
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar,
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.

Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-"Por tu vida el marinero
dígasme ora ese cantar."
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-"Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va."


Y éste otro es de Quevedo y mola xD

A una Dama Bizca y Hermosa

Si a una parte miraran solamente
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes no miraran,
se helaran el ocaso o el Oriente.

El mirar zambo y zurdo es delincuente;
vuestras luces izquierdas lo declaran,
pues con mira engañosa nos disparan
facinorosa luz, dulce y ardiente.

Lo que no miran ven, y son despojos
suyos cuantos los ven, y su conquista
da a l'alma tantos premios como enojos.

¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista
a que, siendo monarcas los dos ojos,
los llamase vizcondes de la vista?

sábado, 9 de octubre de 2010

Unión II

No sabía que pensar, quizás sí había alguien escuchando sus devotas plegarias, aunque nunca había oído que Arath, “el benevolente”, moviera uno de sus omnipotentes dedos por ayudar a alguno de sus sierv...creyentes. La estatua estaba muy bien, un efecto cojonudo todo sea dicho, aunque en las escrituras se mencionaban algunos otros más espectaculares, por eso al principio se había sentido confundida, un ectoplasma ambarino gritón era una de sus más recurrentes formas de aparecerse, una señal divina, eso sí que impresionaba, y luego había que limpiar el rastro sagrado que tenía consistencia de moco, pero como se dice...a caballo regalado...muchas gracias.

De todas maneras estaba decidida a no acompañar a su familia al Más AlláTM*, todavía no había llegado su hora y estaba harta de esperar en la sala de espera, que por alguna oscura razón no era todo lo luminosa que hubiera esperado, con esa convicción en mente empezó a levitar, esperando que todo lo que le había prometido la estatua parlante (también conocidas cómo est-antes por el Gran (a que nunca habíais visto un doble paréntesis en un sitio que no fuese una puta ecuación matemática?) gran libro de las Cosas Inexplicables) que básicamente era escapar por un agujero practicado en el techo, fuera verdad. Temía encontrarse con los acomodadores del piso superior, que te llevaban de vuelta a la sala de espera y que olían verdaderamente mal, el principal motivo de su hedor era que a partir de la revolución de Asdrubal “el 89” se había sustituido a los celadores humanoides por otros más profesionales traídos directamente de las granjas porcinas más cercanas, en todo eso estaba pensando pero su nariz estaba alerta y no se arrugó ante la presencia de la pestilencia, se tranquilizó y avanzó por el oscuro pasillo...

* Más AlláTM es un parque de atracciones horrisonas y trapisóndicas con una inexplicable lista de reservas para experimentarlo.

Las once mil vergas

Bueno chicos abrimos la nueva temporada de bioliteratura y hay que darle vida al blog (gracias Pablo por mantenerlo activo, te mereces un regalo). He aquí que cuelgo un capítulo de el libro "Las once mil vergas" de Guillaume Apollinaire (poeta italiano de origen pero formado en francia) que a mi, como poco, no me dejó indiferente. Lean ustedes mismos y juzguen:

"La mierda salía untuosa e ininterrumpidamente, hilada con cuidado como un cable de navio. Oscilaba graciosamente entre las bellas nalgas que se separaban cada vez más. Pronto se balanceó más briosamente. El culo se dilató aún más, se agitó un poco y la mierda cayó, caliente y humeante toda ella, en las manos de Mony que se tendían para recibirla. Entonces él grito: “ ¡No te muevas! “, y, agachándose, le lamió cuidadosamente el orificio del culo, amasando el cagajón con sus manos. Luego lo aplastó con voluptuosidad y se embadurnó todo el cuerpo con él. Culculine se desvestía para imitar a Alexine que se había desnudado y mostraba a Mony su voluminoso y transparente culo de rubia: “ ¡Cágame encima! “, gritó Mony a Alexine arrojándose al suelo. Ella se acuclilló encima, pero no del todo. El podía gozar del espectáculo que ofrecía su ano. Los primeros esfuerzos consiguieron hacer salir un poco del semen que Mony había depositado allí; luego salió la mierda, amarilla y blanda, que cayó en varias veces y, como ella reía y se meneaba, la mierda se desparramaba por todo el cuerpo de Mony que pronto tuvo el vientre adornado con muchas de estas fragantes babosas.

Al mismo tiempo Alexine había orinado y el chorro, muy caliente, al caer sobre el miembro de Mony, había despertado sus instintos animales. Poco a poco el pendolón se iba irguiendo, hinchándose hasta que, alcanzado su volumen normal, el glande se atirantó, colorado como una enorme ciruela, ante los ojos de la joven que, acercándose, se agachó cada vez más, haciendo penetrar la verga en erección por entre los bordes peludos del coño ampliamente abierto. Mony gozaba con el espectáculo. El culo de Alexine, al descender, mostraba cada vez más a las claras su apetitosa rotundidad. Sus escalofriantes redondeces imponían y la separación de las nalgas se acusaba cada vez más. Cuando el culo hubo descendido completamente, cuando el miembro fue totalmente engullido, el culo se levantó de nuevo y comenzó un bonito movimiento de vaivén que modificaba su volumen en proporciones notables, y era un espectáculo delicioso. Mony, lleno de mierda, gozaba profundamente: al cabo de poco tiempo sintió como se apretaba la vagina y Alexine dijo con voz estrangulada:

–¡Puerco, ya viene... estoy gozando!

Y dejó escapar su chorro. Pero Culculine, que había asistido a esta operación y parecía acalorada, la extrajo brutalmente del palo y, abalanzándose sobre Mony sin preocuparse de la mierda que la ensució también, se introdujo la cola en el coño exhalando un suspiro de satisfacción. Comenzó a dar terribles culadas mientras decía: “ ¡Han!” a cada arremetida. Pero Alexine, despechada por haber sido desposeída de su bien, abrió un cajón y sacó de él unos zorros hechos con tiras de cuero. Comenzó a azotar el culo de Culculine cuyos saltos se hicieron aún más apasionados. Alexine, excitada por el espectáculo, golpeaba dura y vigorosamente. Los golpes llovían sobre el soberbio trasero. Mony, ladeando ligeramente la cabeza, veía, en un espejo que tenía enfrente, subir y bajar el gran culo de Culculine. Al subir las nalgas se entreabrían y la roseta aparecía por un breve instante para desaparecer al bajar cuando las bellas nalgas mofletudas se estrechaban de nuevo. Debajo, los labios peludos y distendidos del coño devoraban la enorme verga que, al subir, se veía mojada y salía Casi totalmente. En un momento los golpes de Alexine habían enrojecido completamente el pobre culo que ahora se estremecía de voluptuosidad. Pronto un golpe dejó una marca sangrienta. Las dos, la que golpeaba y la azotada, estaban frenéticas como bacantes y parecían gozar con idéntica intensidad. El mismo Mony empezó a compartir su furor y sus uñas surcaron la espalda satinada de Culculine. Alexine, para golpear cómodamente a Culculine, se arrodilló junto al grupo. Su mofletudo culazo, sacudiéndose a cada golpe que daba, quedó a dos dedos de la boca de Mony."

martes, 21 de septiembre de 2010

Futuro, parte VII

De repente me desperté y entreabrí los ojos, sólo para volver a cerrarlos, un cumulo-nimbo de espumosa (y gelatinosa) sangre escarlata había destellado con toda su gloria en mi cráneo, no sentía los miembros y tenía el rostro situado boca abajo directamente en contacto con el suelo, empecé a oír voces a mi alrededor, pero no lograba discernir nada, los ojos me lloraban y recuerdo haber gemido y resoplado, ni siquiera se me permitió gritar, como si un punzón candente me hubiera atravesado la cabeza de punta a punta, pensé me habían abierto como quien desgaja una naranja...al cabo de un rato empecé a distinguir los sonidos pero un pulsión intermitente en la sien me avisaba de que en las siguientes 48 horas iba a tener el peor dolor de cabeza de la historia universal, lo que antes había interpretado como varias voces era en realidad una sola, con un timbre femenino e imperativo - ¡¡Como muevas un puto pelo te remato!!- chillaba la voz, me hubiera gustado responderle que de hecho no hubiera podido hacerlo aunque de eso dependiera mi vida, me atreví a abrir los ojos porque necesitaba saber si no me había quedado ciego, veía borroso, como si me hubieran puesto unas gafas con 700 miopías, vislumbré una sombra moviéndose, acercándose y alejándose de mí, me entraron arcadas y convulsiones, me vomité encima y estuve a punto de ahogarme, cada vez que me pinzaba sentía como si mi cabeza se estuviera vaciando a presión por un agujero practicado en el hueso, me desmayé...
Oí un clap y un viejo gruñido conocido seguido de un leve temblor al arrancar, nos pusimos en movimiento, la luz solar me cegó momentáneamente mientras comenzaba a recordar, mi acceso a la memoria fue breve y desconcertante, era como mirar una película en un televisor que estuviera en el fondo de una piscina, los sonidos y la imagen distorsionados totalmente, pero reconocí al instante donde me hallaba, porque me era terriblemente familiar, ahí mismo había dormido yo apenas hacía una semana, era mi Ford Mustang, bueno...mío era un decir, en ese mismo instante me llegaron el olfato y el tacto de dos maneras inconfundibles, el hedor agrio del orín y la sensación de humedad que lo acompaña, la vejiga no aguantó el punto muerto donde la deje al desmayarme y esta era mi recompensa, me sentí ligeramente avergonzado por la situación, hacía una eternidad que no me pasaba y encima delante de un ser del otro sexo, apodado “el débil” por algún lumbreras que no estaba en su momento de mayor lucidez. La situación no estaba para tirar cohetes y todavía no me atrevía a hablar, no fuera a ser que apretara otra vez el botón de la inconsciencia, ahora si perdía el sentido podía ocurrir cualquier cosa y no me entusiasmaba la idea de llegar al límite.
A través del espejo retrovisor, bastante lleno de suciedad debo añadir, vi un entrecejo fruncido. Unos labios carnosos, húmedos y sugerentes perpetuamente haciendo un mohín. Un cabello negro treméndamente tupido cortado probablemente con cuchilla. Y unos ojos grandes, unos ojazos de un color indeterminado entre el marrón de una madera suave y cálida y el verde follaje de un frondoso bosque del jurásico. Era una valkiria del siglo XXI. Mortalmente peligrosa. Inequívocamente segura de sí misma. Sin remordimientos. Rápida. Silenciosa y... fastidiosamente astuta.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Futuro, parte VI

Tenía gasolina para rato, la moto no debía gastar más de un par de litros a los cien y encontré también una garrafa que llene lo que pude de fuel, con cuidado de que no se derramase; ahora volvía a dormir al raso, usando parte del combustible para encender el fuego en el desierto, con unas poquitas ramas resecas y alguna que otra página de mis libros, en total mi alforja debía de pesar unos cuantos kilos, puede que más de diez, y como el resto de mi atuendo estaba compuesta por un sinfín de añadidos que le había ido otorgando con el tiempo, amarrándolo todo con hilo cosido o imperdibles, mis cálculos indicaban que si no me abastecía duraría con la moto menos de una semana cabalgando de 4 a 5 horas al día, y luego de vuelta al camino, antes podías recorrer a dedo todas las carreteras del país en un periodo de tiempo pasmosamente corto, siempre encontrabas a alguien a quien no le importaba llevarte hasta el siguiente pueblo, o dejarte en la próxima gasolinera.
Ahora me encontraba atravesando una ilimitada llanura, no se veía ninguna luz por los alrededores cuando anochecía, sólo si miraba hacia arriba, tampoco se veían signos de vida, la moto y yo tosíamos el polvo que se acumulaba después de la jornada de viaje, el polvo, obturaba mis vías respiratorias y el motor, los filtros que permitían una entrada limpia de oxígeno a los cilindros y que garantizaban la combustión, así que todos los días los vaciaba del maldito polvo. Cuando tenía a mi disposición mil maneras diferentes de pasar el tiempo, como alucinar con lo último en holografía 3D en los holocines que había en las afueras, o asistir a conciertos virtuales de cualquier artista de California (no tenía tanto dinero como para permitirme el nivel-A, red de artistas mundial; ni ningún otro de hecho), o visionar los videolibros que alquilaba en el videoclub “La retro-zona” y un largo etc...no hacía nada, me aburría como un muerto, todo el mundo se aburría como un muerto; la sobrecarga de información que sufrían nuestros cerebros nos dejaba atontados en nuestro sillón, infinitas opciones de ocio, cada cual más interesante que la otra, conexión 24 horas 365 días del año a la red ininterrumpidamente, los simestims más recientes y toda esa droga para los sentidos, todos esos estímulos para nuestros sistemas perceptivos...y al final...te pasas toda la vida mirando, la sociedad de la información nos llamábamos, zombis sin decisión, bebés quejicas, timoratos y angustiados que se veían empujados por las fuerzas del mercado, y nosotros ilusos creíamos ser libres, porque nos dejaban elegir de que sabor queríamos el helado, ni siquiera se nos ocurrió pensar en porqué coño teníamos que atiborrarnos de puto helado, hasta el punto de que comieras lo que comieras ya no distinguías nada. Me acosté con esos inquietantes pensamientos, mis pesadillas rondándome al anochecer...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Futuro, parte V

Una moto, al final me decidí por una moto, no gastan tanto combustible, son más maniobrables, son más rápidas, y notas un temblor en las pelotas cuando aceleras, creo que fue lo último lo que me hizo decidirme definitivamente, de todas maneras ya podría haberme encontrado el halcón milenario, porque no sabía donde estaba, ocurrieron extraños cambios en la hidrosfera después del cataclismo, y un cambio generalizado en las superficies de los continentes, en sus costas y relieves, como decía un antiguo anuncio de Michelín, (puede que incluso del siglo pasado), con un slogan que perduró hasta nuestros días con fuerza imperecedera “la potencia sin control no sirve de nada”, aunque si lo miraba de otra manera, ¿qué cojones más me daba? La corteza terrestre, según habíamos oído en las retransmisiones que siguieron al gran día, había pasado de ser un vergel, al menos en las partes donde la gente podía permitírselo, a ser en el mejor de los casos un inquietante viaje por la imaginería post apocalíptica del Hollywood de los 80, y en el peor una trampa mortal. Me sentí aliviado cuando pude poner unos cuantos kilómetros entre la improvisada fosa-aparcamiento y mis inquietudes, iba levantando un nubarrón de polvo siempre siguiendo lo que intuía como la última pista de presencia humana en la zona, una levísima impresión en el firme, una mínima concavidad que delataba, creía yo, el paso de más vehículos hacía mucho tiempo, y por supuesto, alguien que los conducía, aunque podría estar siguiendo un piloto automático es una idea que no me rondaba mucho por la cabeza; desventajas de la moto, no tenía reproductor de cassetes, aun así metí la cinta de los Credence en el petate, donde casualmente encontré una pegatina al revolver en mi bolsa como las que los padres compran a sus niños cuando son todavía niños y les interesan las pegatinas brillantes de cualquier cosa siempre que las puedan pegar en algún sitio, era un cúmulo de estrellas, con una forma estrellada exagerada, en la que crees hasta que descubres que son masas de gas y plasma incandescente con cierta forma esférica, pero no por ello dejaban de ser bonitas, las puse en un costado, en uno de los laterales del depósito de gasolina, que era de un rojo desvaído y de un rojo óxido en las partes donde la pintura se había descascarillado, ahora sí que estaba preparado, y con un centelleo del sol reflejándose en mis estrellitas de purpurina arranqué hacia lo desconocido por enésima vez.